Lo escuchas toser cada mañana. Le has dicho mil veces que se cuide, que vaya al doctor, que lo deje. Y cada vez terminan en la misma pelea — o él simplemente no te hace caso. No es que no te importe. Es que ya no sabes cómo más decírselo.
Aquí está lo que casi nadie te explica: el problema no es que no te escuche. Es que “deja de fumar” es lo único que le dicen — y ya se cerró a eso. Hay otra manera. Estas son las 3 razones, en orden.